Cala Molí

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Cala Molí te enamorará por el sinfín de colores que contemplarás en su mar y, sobre todo, en el cielo al abandonar la playa al atardecer

Cala Molí es una de esas calas típicas ibicencas a las que acudir en busca de tranquilidad. Sin siquiera haber bajado del coche, descubrirás que la carretera no es la mejor que hayas tomado en la isla, debido a que estás bajando una montaña, así que reduce la velocidad, no solo por seguridad, sino porque a la par podrás contemplar la playa desde arriba, una panorámica preciosa que hará que te entren unas ganas irrefrenables de llegar.

Una vez allí, no deberías tener mucho problema a la hora de aparcar tu coche, sin embargo, ya sabes que esto depende de la hora a la que llegues.

Cala Molí está compuesta por pequeños cantos rodados y arena gruesa, por lo que no está de más que lleves una esterilla. Sino, podrás aprovechar el servicio de sombrillas y hamacas que posee la playa.

En cuanto al mar, estamos seguros de que te dejará boquiabierto. En el centro, en el margen izquierdo, existe una zona de aguas turquesas que destaca de forma increíble sobre el resto del agua, algo más oscura debido a que el fondo está formado por cantos rodados y algunas áreas de algas. Estrena tus zapatillas acuáticas, porque aquí les sacarás partido. Sin embargo, si te las olvidas tampoco sufras, el tamaño de las piedras no es tan grande como para que no puedas entrar, únicamente deberás prestar algo más de atención.

Una vez dentro, ¡ponte las gafas de bucear! No te asustes por el tamaño de algunos de los peces que verás, puesto que son ellos los que huirán de ti. Cala Molí es el lugar ideal para practicar esnórquel. Entre sus rocas y acantilados podrás encontrar todo tipo de fauna y flora marina. Y si prefieres ser un mero observador desde el exterior, coge uno de los velomares que puedes alquilar en la cala y date un tranquilo paseo por sus aguas. Al estar resguardada por dos montañas, el viento no penetra en ella de un modo exagerado y, por lo tanto, el oleaje no suele ser muy acusado.

Puedes acudir con la familia. Los niños se lo pasarán en grande jugando con las piedrecitas en la orilla y asombrándose con los pequeños peces que contemplarán sin necesidad de gafas gracias a la claridad del agua.

Y si quieres comer algo en uno de los restaurantes más exclusivos de San José, Bagatelle Beach Ibiza te espera con sus puertas abiertas. Comida con influencias europeas, una gran piscina y un entorno de lo más agradable frente al mar.

Recomendación

Si te quedas en cala Molí hasta el atardecer, aprovecha para hacer una parada a uno de los lados de la carretera y camina un poco campo a través hasta que llegues al borde de la montaña. Los colores que brinda el ocaso en esta zona son espectaculares. Rosas, naranjas, amarillos, rojos… toda una paleta cromática que no olvidarás jamás.